Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser.

 Julio Cortázar 

(Source: detrasdecadaletra)

April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.

Anonymous sent: De regreso?

Por ahora. 

Vértigo

Vale preguntarse si el vértigo que me ostina brota del cuerpo o del alma. Quizás — teorizo— sea un reflejo activado por este abismo intangible que circundo entre puntillas. 

Concurrencia

He pasado todo el día pensándote sin pensarte, intentando ignorar tu existencia en bano. Te me cuelas en la mente, y aunque arribes en silencio y permanezcas inmobil, parte de mi se desgasta percibiéndote. Hoy eres la cicatriz oculta que me mantiene cohibida e insegura. 

Mientras tecleo con cautela, recordado que es posible que la curiosidad te guié a este rincón en algún momento, el reloj marca el primer aniversario de nuestro encuentro.  Llevo semanas reprimiendo imágenes y monólogos internos, ya que me fastidia otorgarte un espacio que no creo que merezcas. Soy una dicotomía de discursos y silencios, de cólera y apatía. 

Soy un orador afónico que entre muecas articula tu intrascendencia en mi ser y tu valor en mi historia. Qué perversa coincidencia! 

Anonymous sent: Hace siglos que no escribes. A dónde te nos has ido?

No se que ha pasado, pero aún cuando tengo la motivación para escribir — lo cual no sucede muy a menudo— siento que me faltan las palabras. 

Creo que perdí la naturalidad para la escritura sin aviso previo, y ahora me he quedado llena de frustraciones y sin medio de desemboque. 

Qué problema, no? 

He aquí el problema

 Los días se me están haciendo largos y mi mente, ahora esclava de la impaciencia, ha empezado a buscar consuelo en las sombrías cavernas que alguna vez me alojaron. 

No sé si soy una persona triste con vocación de alegre, o viceversa, o al revés.
Lo que sí sé es que siempre hay algo de tristeza en mis momentos más felices, al igual que siempre hay un poco de alegría en mis peores días.

La tregua, Mario Benedetti

(Source: dondeestastu)

Cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía.

Benedetti 

Anonymous sent: Damn, that was different from the Spanish but still really good. Your writing, my friend, is deeply moving regardless of the language.

Lector, 

Thank you. 

She’s Crying Again

She’s crying again. Rose helped stop her earlier today. The screams reached her and instead of the common rage, annoyance or pity they trigger in most, there was a smile.

“No one told me she spoke French! I grew up in Quebec.”

 

Some of us watched her leave the table and head towards the hallway.  Those that are not so damaged exchanged intrigued looks once her bouncy steps carried her out of sight; the others remained fixated on the doorframe, waiting.

 

I exploit moments like this one. I clandestinely use them to classify newcomers and revise my assessment of the ones I already know.

 

There is little hope for those fully consumed by the contents of dinner. Their indifference breeds not from malice, but an inherent detachment from the world—minds unable to spread roots into reality.  Peter may leave this particular place someday, but will permanently remain a tenant of the system.

 

 Had Rosemary not been summoned by the woman’s howls she, too, would have  guarded the hallway. They, the constant watchers, awaited a resolution. They had endured the intoned anguish for hours, witnessed Rose’s linguistic revelation and now, leered for closure.  These are the ones that will depart with a dormant, yet highly volatile return pass. I am most sceptical about those superficially invested in the incident—the ones in it for a trivial sense of completion. They can grasp concepts like time, beginnings and endings, but can’t envelop their substance. I’m just not sure I believe we can induce verticality of the mind. But the ones yearning for silence, whether for their sake or the tormented woman’s, could still heal with the right help.

  

And then there’s us. The four patients exchanging looks, conspiring in silence, pitying Rose and her vacuous blue eyes, wondering whether her French will compensate for her naiveté, pondering about the effect of her depthless smile on  a shattered heart… and I know we’ll be just fine. We belong out there.


She’s crying again and this time I cannot bear it.  Her wails make their way through the dark hallway and grab my blue scrubs in agony.  I have never seen her, but I know she’d look less desolate between my arms.  

 

I hear an army of nurses marching towards her room. Her shrieks grow wrathful. I press my palms to my lips so that I, too, won’t scream. Muddled by tears, my eyes discern the silhouette of an African queen kneeling at my doorframe and behind her, a hand clasping a syringe.

Anonymous sent: Puedes compartir algún escrito en Inglés?

Puedo hacerlo… pero es posible que decepcione a muchos. 

Anonymous sent: Lo que escribes transmite algo que soy incapaz de describir...

Agradezco que compartas esto conmigo. Normalmente escribo cuando la vida me abruma, y muchas veces me siento defraudada con el lenguaje porque carece palabras que transmitan lo que siento con precisión. Me alivia saber que mis escritos portan mis sentimientos, aún cuando no siempre logren detallarlos. 

Cromosomas

Cargo en los glóbulos trozos de ti que me recorren de pies a cráneo.  A veces se estacionan en mi rostro y esculpen mis muecas al estilo de las tuyas, pero sólo me entero si alguien que te conoce lo señala porque siempre te recuerdo  con expresión de derrota.  Ahora que lo pienso,  soy un mimo involuntario la mayoría del tiempo.  Sólo percibo  tu esencia  cuando me invade los sesos y acto seguido mi mundo se polariza.  

No sé cuantas veces cerré los ojos y te dibujé en la puerta de la escuela con los brazos abiertos, listos para envolverme. Pensaba que tal vez algún día, cansado del colchón, te frotarías los ojos legañosos y saldrías a buscarme. Construí encuentros inspirados en los recuerdos borrosos de aquellos días cuando me recogías tarde del círculo y yo corría a ti escalera abajo, ingenuamente creyéndote un héroe sin entender que eras la causa de mi desamparo.   Pero tu cuerpo nunca abandonó la cama, y yo dejé de esperar por ti.

 

Te prefiero triste. Prefiero apretar tu mano mientras yaces  víctima a la angustia, yo compasiva, a resentir tu felicidad maníaca.  Es más fácil excusar el vació de tu ausencia que perdonar tu agresión premeditada .  La lástima por lo menos se asemeja al cariño y apacigua la culpa desmerecida de no quererte.

 

Una noche reconocí mi propensión a tu mal  y vertí lágrimas de miedo y rabia.  Me prometí esquivar esa fracción de tu herencia, despedazarla con balas de voluntad. Ignorante,  decreté que nunca me adentraría en la fosca prisión del desconsuelo  o el egotismo incasable, y huí hacia la negación arrastrando mis grilletes.  El tiempo me bombardeó con indicios y yo fusioné mis párpados para no enterarme del  desplome. Ignoré el crujir de las fracturas y aquellos gritos ajenos que me rasparon la garganta y poseían mi voz.  El día que culminaron los retumbos destapé mis pupilas y descubrí mi cuerpo  desmantelado en el suelo.  Cedí a la inmovilidad sin regaños y contemplé, sumisa,  a tu extracto plantarme un huerto de legañas en el alma. 



Me toca apenas, apoya una mano sobre mi brazo, no como un gesto de amor sino como un simple acompañamiento de la conversación, y siento en mi un estremecimiento, acuso inmediatamente lo que recibo de esa piel mansa, tibia, prometedora, que aplasta momentánea y suavemente los vellos de mi antebrazo o de mi muñeca. Pero hay mucho mas. Mi conmoción interior es mas viva aun cuando me mira que cuando me toca. Además, me ha tocado tan pocas veces y siempre por motivos tan triviales. En cambio, siempre me mira, nunca rehuye mis ojos. Tiene una formidable capacidad para estar integra en su mirada, para mirar viviendo, para mirar sintiendo, para mirar simpatizando. Ella simpatiza conmigo, de eso si estoy seguro. Y su simpatía es tan cálida, tan vital, tan lucida, que es casi el equivalente de un amor.

Gracias por el fuego - Mario Benedetti.  

(Source: vanessatessari)